lunes, 3 de febrero de 2014

Invitada a las tertulias del 2013: MARÍA CRISTINA LARCO









SI VES PASAR UN ÁNGEL



Renacida de pluviales batallas
me moldearon rojas gredas
Soy la huarmi domadora
de los vientos.

Sur
húmedo extraño
Has soplado presagios
en la hornalla
Desbordaste los cántaros de trinos
Hoy sentí tu hambre en mi costado

Mama Pacha ahora que camino sobre hielo
ahora que quemé mi corpiño
en la plaza del pueblo
Si ves pasar de nuevo un ángel
de plumaje largo
con aromas de manzana

Si ves
que descalza en cristales
la insolencia de sus aguas

No dejes que sucumba
Desvía su camino

Pon una cruz de palqui
en mi ventana.




PALQUI: Planta medicinal, los antiguos tenían la costumbre de fabricar una cruz con sus ramas, la ataban con una cinta roja y la colgaban en las puertas o ventanas para espantar los males.


Cristina Larco, del libro: "Es la tierra la que habla". 


 MARIA CRISTINA LARCO BRICEÑO

CHILE - (Potrerillos, Atacama )

Nacida en el desierto de Atacama. Ha participado en Charlas, Ferias del libro, lecturas poéticas. Encuentros literarios en Chile, México, Argentina, Uruguay, Perú, España. Ecuador y Cuba. INTEGRANTE DE:
SOCIEDAD DE ESCRITORES DE CHILE ( SECH),
CENTRO DE ESTUDIOS LITERARIOS” Lina Vera Lamperein”.

ANTOLOGADA EN:
“Cien mujeres en la poesía Chilena”,
Palabra Peregrina, Mujeres al desnudo . .“Arquitectos del Alba” Cajamarca PERÚ 2009-

“Voces en Plenilunio” Universidad de Loja ECUADOR 2009
-Agendantología Internacional - 40 poetas - - Editorial Linajes- MÉXICO 2008
-Estigmas de luz- Cascadas azules – Rituales en la hoguera.(cuentos breves) – Córdoba ARGENTINA –
Exponente Feria del libro –Córdoba Argentina
LIBROS PUBLICADOS : 
Colectivo poético- musical “MIL VERSOS PARA POTRERILLOS” (1998) .
“ES LA TIERRA LA QUE HABLA” Libro de poemas - Febrero del 2005

Una colección de sus poemas han sido traducidos al inglés por la Dra. Shelby Vincent del “Center for translation Studies “ Universidad de Dallas. EE UU.
Su obra ha sido analizada por la universidad de ATACAMA .
En el 2004 obtiene Beca a la Creación Literaria del “Consejo Nacional del Libro y la Lectura” del Gobierno de Chile.


crislarco@hotmail.com

lunes, 2 de diciembre de 2013

Invitación de Amanuense Chile: "En Voz Alta", de Eledín Parraguez







La editorial AMANUENSE CHILE 
tiene el agrado de invitar a usted a la presentación del libro:

EN VOZ ALTA

de

Amante Eledín Parraguez

La cita es este jueves 
5 de Diciembre a las 19 Hrs. 

en 

 Aula Magna de la Universidad UCINF

Pedro de Valdivia Nº 450, Comuna de Providencia.



Presentará este libro la escritora, profesora Angélica Edwards, más la participación del músico y profesor Rogelio Gormaz.

Invitada a nuestras tertulias de Noviembre: Patricia Gómez

Patricia Gómez, en una de sus visitas a  Chiapas, México.




PALABRAS


Las palabras…, van ardiendo en mi vientre,
ahí las acuno y embriago con mi deseo,
las aquieto con el amor que muerde voraz las letras,
las siembro en una tierra que orilla mi calma,
les doy vida con mi humanidad, que no es menor,
por Dios, que no es menor y por fin …, desaparezco en todo.



RENACER



En los miles de deslindes que se inserta mi palabra,
me deshago, completa e imperfecta,
me deshago en el tiempo que se curva en mi vientre,
en mis muslos, en el ángel que me cuida.

Es mi alma y es mi sangre y son mis dedos,
es mi tacto racimos de un silencio
que se ahonda en la curvatura
más extensa de mi ojo, de mi lengua de miel,
de mis poros de canela, de todo yo,
de toda mi femineidad, de todo lo que soy.

Del Dios que me habita, del que habito,
del que soy.

En los miles de comienzos,
en todos los finales que dan mi nueva partida,
mis muertes, mis eternos e incansables nacimientos,
en todos renazco una y otra vez,
floreciendo y muriendo eternamente.



¿POR QUÉ ESCRIBO?



Escribo para el agua
que corre hambrienta por la tierra,
por los dioses que habitan en mis cerros,
aquellos que se empinan en mi sangre,
partiéndome los días con su espera.

Escribo,
por aquello que veo y me duele de la vida,
por el dolor que camina cabizbajo por mi lado.

Escribo, por los pobres, ¡los podridamente pobres!,
aquellos que lloran por migajas de alimento,
los que rompen la palabra con los ojos,
los que mueren en la misma tierra nuestra,
pero solos…, ¡Por Dios, abísmantemente solos!
¿y el mundo? ah…, el mundo mira indiferente,
sentado desde un palco de ironía.

Escribo por aquellos,
que están secos de esperanza.
Con el llanto derretido en las pupilas.
Con el miedo lacerándoles el alma.

Escribo para ti, si, para ti
que juegas con mi piel sin saberla de tus labios,
jamás canela de tus aguas, nunca miel de tus panales.
Y aún así, escribo para ti.

Escribo en el destiempo de un espacio,
Con un violín emancipándose en mi mano,
por la ira que se frunce en mi lamento.

Escribo en las sombras de la muerte
En la vida que brota de mi vientre.
Por la risa que me entrega un mar ajeno.

Escribo a la mujer,
Para ti mujer que lates en mis poros
a través de siglos de vivencias,
por ti y para ti, hembra, fémina, ¡gigante!
que lates hierofante
en mi vientre de manceba,
en la de fiera herida,
en la de vid inagotable, en la sumisa.

Por aquellas que mueren en manos de sus machos,
los rudos, fuertes, ¡sus hombres!.
En la que arde en su celo por las noches.
La que hurta del lamento, un poco de alegría.

Escribo para ti, mi Dios, que aún sin forma
me mueves por completo.
Por los libros que se apilan en mi estante.
A mis ojos que se gastan
despacio entre las letras,
tan quedos y despacio
a través de un tiempo inexistente.
Escribo para no morir en la palabra,
escribo porque de otra forma
moriría…, de tristeza




jueves, 21 de noviembre de 2013

Invitada a las tertulias de Noviembre: Rosa Emilia del Pilar Alcayaga Toro.





La autora, en la SECH, firmando ejemplares de su libro MALDITO PARAÍSO.




habladurías


“Multiplicaré tus trabajos y tus penas.
Parirás con dolor a tus hijos y buscarás
con ardor a tu marido, que te dominará”
(Génesis III. 7-3)




como en un barril de pólvora
confusa Babel sobre cuatro ruedas
sus habitantes mastican una a una cada palabra


te compro pollo una vez al mes
te saco a pasear en micro
¡qué más quieres! 11


revolcando sus manos en los bolsillos
ella lo mira desde su ojo morado
no tiene escapatoria y cuelga
desde el umbral de una ventana
silenciosa y sin afiches oficiales
a cinco críos muertos de hambre
y al beso que la crucificó a los 13
cuando su padre la echó a la calle


te compro pollo una vez al mes
te saco a pasear en micro
¡qué más quieres!


me levanto asustada y la miro
ella con la boca abierta
y un río de sangre inundando la tierra
y la vidente consagra: “toda bandera es un río de sangre” 12
y tu sangre
y la mía
no tiene fin


Infame paraíso no hay salida él arranca
buscando a Dios para pedirle cuentas
zanjar aquella vieja deuda
cobrar sus treinta monedas de plata
y zurcir aquella historia que sangra de su costado




11 Conversaciones de una pareja captada en la micro, en Valparaíso.
12 Stella Díaz Varín, Los dones previsibles, poema IV, sexto verso y final.








GAVIOTA ROJA



Un golpe seco. Tú me indicas la gaviota herida que cayó del pino a un costado de tu casa y que impávida nos observa. Sangre en su pico, en sus ojos, a pincelazos breves bordando sus plumas blancas y al acercarnos, una gota tras otra, lentamente, teñía el piso de madera. Sola como un velero encallado, la sueño muerta enredada en su vómito. La sangre explota desde sus pulmones. Es papá que tose. Yo lo amaba y lloré siete días y siete noches aunque de adolescente te confieso, que cansada de sus retos, lo odié a escondidas. Tuve miedo porque creí que moría. La tos y la sangre en el pavimento. Yo caigo. El cerro no termina. Me despierto asustada. La gaviota intenta levantarse y recorre nuestras miradas sin perder la calma. Abre sus alas. Pretende alzar el vuelo, pero casi rueda por el precipicio. Mi papá fue el único que se salvó de todos los internos en la clínica. Me preguntas por qué lo odié. Han pasado tantos años. Uno odia al padre de repente sin explicaciones. Miles de cuchillos lo perseguían noche a noche al subir por el cerro empedrado. A la vuelta de la esquina lo esperaban. Entonces yo no pude salir de casa obligada a esconderme de su muerte. La sangre de la gaviota es de un rojo ardiente distinto al rojo muerto insoportable de la tos de mi padre que me trastorna. La empinas dulce y ella, a trastabillones, emprende viaje en busca del mar. Cierro los ojos y sólo veo un volantín blanco. Con los recuerdos de mi padre herido, recorro de nuevo el camino a casa y descubro en el piso sólo una gaviota roja.